Diálogos – 8 Bases Guia para escribirlos mejor

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Uno de los puntos que disfruto a la hora de escribir ficción, son los diálogos.  Quizá porque es la puerta de acceso/salida rápida a determinada situación. Te evitas las descripciones largas, la narrativa pesada y te vas directo a aquello que quieres manifestar.

No desmerito para nada todo eso, y es altamente recomendable que se mantenga un equilibrio entre la narrativa y el diálogo. Hay que saber cuándo, cómo y dónde cortar la narrativa (o al contrario) y hacer uso del diálogo (o la narrativa).

Pero a lo largo de mi propia experiencia, he notado que he tenido cierta evolución con respecto a los diálogos.  Cuando comencé a escribir (repito de nuevo, solo lo hago para mí) fue a los once años de edad. Y mis historias, tenían un veinte de narrativa y un ochenta de diálogo. Muy a guión televisivo del que estaba más que acostumbrada. Luego, por gracia divina, cayó en mis manos un libro de “Redacción y Gramática”, y comencé a realizar los ejercicios que disponía dicho libro. Y comprendí, entonces con dieciséis años, que no se puede (o no se debería), escribir abusando de los diálogos. Y al hacerlo, debemos considerar que ellos mismos tienen sus normativas o reglas, para que sean exitosos.

REGLAS QUE DEBES CONSIDERAR PARA DIÁLOGOS EFECTIVOS

  • El diálogo debe ser “parecido a la vida real”.  Cuando me refiero a parecido, es que éste debe ser tan florido como el lenguaje corresponda al lugar y tiempo en la historia. Pero, debemos evitar, hacerlo una copia textual de cómo hablamos. Las personas poseemos pausas, jerga para hablar y una serie de malas expresiones o repeticiones innecesarias. Sería espantoso que hiciéramos lo mismo a la hora de escribir. Porque el lector, no escucha las palabras, las lee y las interpreta tal y cual las entregamos. El abuso de los puntos suspensivos, las expresiones tales como “eh, oh, ah, ¡ay!, etc. deben usarse únicamente cuando las mismas son necesarias para fortalecer el diálogo mismo. A la vez, el uso del lenguaje debe corresponder al entorno de la historia. La literatura actual, prefiere el uso de las palabras más comunes. Se acepta que utilicemos nuestro lenguaje coloquial, cuando la historia se desarrolla en un determinado lugar. también, debemos considerar, el tiempo o época de la misma. Salirnos de esos parámetros, crea en el lector, una especie de confusión o lentitud a la hora de encajar en el espacio-tiempo de esa narrativa.

Por ejemplo: Una historia transcurre en la ciudad de Paris, los protagonistas son parisinos y estamos en los años cuarenta, durante la invasión alemana.

“La ciudad estaba silenciosa, siempre ocurría lo mismo después que un convoy alemán atravesaba la ciudad con su ejercito de soldados, que machacaban sus botas durante la marcha.

—¿Loslos viste? —dijo cabreada Marie—,  esoscobardes, gays que no saben hacer nada bueno sino darnos de porrazos. ¡Y la culpa la tenemos nosotros, por lambiscones… sometidos…! No hay nada que me arreche más es ver que el coraje de la revolución se ha perdido de nuestras venas. Deberíamos levantarnos en armas, acorralarlos, y fusilarlos a todos en la Plaza La Concordia, quitar sus asquerosas banderas nazis e izar de nuevo la nuestra.

—La gente se está reuniendo, Marie -expresó Anton, asomándose detrás de la cortina para ver afuera—. Muchos han hecho oposición y han encontrado la muerte o la tortura. Pero, no hemos dejado de ser hombres de pelo en pecho, y los rebeldes lo están planificando. A quienes se les caerán las polleras, serán a los alemanes… ya lo verás.”

Todo lo que está en color, está errado. No podemos, ni hacer uso de las palabras comunes de nuestra jerga, expresiones propias o modernas. Debemos documentarnos, o ante la duda, hacer uso de la palabra más común: En orden, deberían usarse: daban golpes con/molesta/”desviados”/darnos de golpes/aduladores/enoje-moleste/hombre con coraje-valientes/las faldas. (*he usado expresiones coloquiales de diferentes zonas para enfatizar).

Es muy diferente, si la historia transcurre en determinado lugar, época y estatus social de los personajes. Imaginemos, ahora que estamos en la época actual, en un campo de agave, en Jalisco, México:

“Los campos azul verdosos del agave se extendían por kilómetros. Tierra fértil para la mata convertida en oro líquido. Una bendición y una maldición al mismo tiempo. Porque unos se enriquecían con el tequila y los que lo compraban, terminaban a gatas. Y en uno de sus muchos campos, dos jóvenes amigos, cortaban las pencas del agave, con el ánimo de la edad y de los sueños.

—Y, cuéntame, Nicolás, ¿de verdacita te vas para la ciudad?

—Esa es la idea -dijo mentiéndole el machete a la planta—. Ya van dos años, pero ¡no más no me ajusta! Y no quiero pasarme otros dos años aquí.

Pos sí… —Secó el sudor de la frente Ignacio—. Como que hace mucho bien calor hoy ¿no? ¡Maldito cielo, que no nos regala ni una nube!

Compá…—reprendió Nicolás—,  ¡que no maldiga! A poco no sabe, que si se quiere el bien, hay que estar contento con lo que a uno le da Dios, qué sí, sabeee…

**Con la introducción temprana de una expresión coloquial, el lector puede imaginarse los dejes del habla de los personajes, adicional que al introducir expresiones muy propias de ellos, sean o no tan comprensibles para quien lee, da veracidad a lo expresado por los personajes.

Haciendo uso de ese “desliz” idiomático, el lector puede incluso, “escuchar” el acento, descubrir su estatus social, obtener información que puede eliminarse de la narrativa, o afianzar ésta. En otras palabras, tómese nota que, el diálogo nos presenta también a los personajes. El letrado, debe forzosamente hablar en un nivel académico superior. Y no solo con expresiones más culturizadas, sino que debe tener dominio del lenguaje propio de su personaje. El médico hablará como médico, la mujer como mujer y el niño como tal.

  • No exponga lo obvio o innecesario, enfóquese en el diálogo- Reconocemos que a través del diálogo, se puede ofrecer información  valiosa, que evita que la manifestamos con la narrativa. Y sabiéndolo hacer puede tener una connotación enriquecedora para la prosa/redacción. Sin embargo, no utilicemos el diálogo para ofrecer información que puede/debe ser contenida con la narrativa, o aquella que es obvia para el texto o historia.

Desglocemos esto:

Error en no trasladarlo a la narrativa. Veamos este ejemplo: Dos hermanas están en una habitación. Una peina a la otra.

“—Ahora que te cases, creo que deberás acostumbrar a tu marido a que te peine. Porque tienes la cabellera muy larga, bien cuidada y sedosa. Y eso es gracias a las cinco veces que peino por completo tu cabeza todas las noches. A veces, termino con dolor en los brazos, pero eres mi hermana favorita que hacerlo, no me es para nada molesto.

**Todo lo que está en color, debería ser parte de la narrativa, y no parte de la conversación.

Otro error, es ofrecer la información obvia. Sigamos con las dos hermanas.

“—Cuando me case con mi prometido Carlos, puedes visitarnos cada vez que lo desees. Una vez que regresemos de nuestra luna de miel en Venecia, esa ciudad llena de canales, podrás visitarnos. No podía alejarme demasiado de ustedes, por eso, Carlos compró la casa al final de la calle.

*Siendo que son hermanas apegadas, toda esa información ya la conocen, y no debería manifestarse en el diálogo. Si se expone esa información para el lector, debe hacerse a través de la narrativa; haciendo alusión que es primera vez que se menciona. La repetición excesiva de información, debe evitarse en los diálogos. Es decir, que si en “otra escena”, la novia mencionó que irían a Venecia, se debe eliminar ese dato entre los que conocen ese destino.

  • Use el diálogo para enfatizar u ocultar información- Así como sucede en nuestra habla natural, podemos dar información correcta o no, ocultar/manipular datos y incluso mentir. Utilice el habla para que el lector conozca (o desconozca) información. Úselo para enfatizar situaciones de las que se ha hablado en el pasado, o es el momento de revelarlas en ese instante. También, puede darle el uso contrario. La narrativa expone una verdad, pero los diálogos lo desmienten.

Veamos este ejemplo: Una carta llegó para Juan, pero María no quiere entregársela, ya que es de Fátima, a quien odia por ser el interés amoroso de Juan. El lector conoce parcialmente algunos hechos.

“—Creí escuchar al cartero —se escuchó la voz de Juan acercarse a la estancia—. Veo que sí, ¿hay algo para mí?

Solo correspondencia para tu padre, como siempre —dijo María ojeando los sobres—. ¿Esperas algo en particular?

Fátima prometió escribirme en cuanto llegara.

—Supongo que demorará más tiempo. Una carta desde Europa, tarda casi dos semanas, Juan. Además, ella debe acomodarse. Tendrá muchas actividades, reuniones sociales… ¿Porque sabes que su tía es casamentera empedernida, no?

Juan, se acercó cabizbajo a revisar las cartas que María dejó sobre el escritorio. Mientras ella se aseguró que la carta para Juan no fuera notoria en el bolsillo de su falda.”

**Todo lo que está en color, es aquello que confirma y niega acciones que se han relatado con anterioridad en la narrativa y/u otros diálogos, cambiando la visión de lo que antes se había ofrecido.

  • Cuida tus acotaciones narrativas – Como acotación narrativa, se entiende a lo que está “fuera” del diálogo, pero forma parte de él, para aclarar o connotar algo. Ya sea una acción que el personaje realiza, o para indicar a quién corresponde ese diálogo.

Vamos a marcar, unos puntos que deben considerarse con las acotaciones narrativas:

  1. Enfócate en lo simple. Cuando leemos un libro, por lo general se usan los términos, “dijo” al iniciar una acotación narrativa, indicando quien es el locutor de la expresión. Sobretodo, cuando hay interacción de varias personas. Ten en cuenta que el “dijo/respondió/preguntó” pueden volverse invisibles a los ojos del lector, por la repetición y familiaridad de la frase. Muy al contrario si usamos expresiones poco usadas, tales como: expuso/inquirió/aseveró, etc. Aunque existen una gran cantidad de palabras de las que podemos hacer uso, debemos medir que la misma corresponda a un momento clave para hacerlo.  Por ejemplo, si el que habla está herido, enojado, frustrado, no conviene usar un “dijo”, sino una que corresponda con lo acontecido o el estado de ánimo.
  2. Siguiendo el punto anterior, recuerda que no todos los diálogos deben contener acotaciones narrativas. Estas pueden eliminarse si la conversación es entre dos personas, o un grupo que sea muy fácil de identificar por su manera de hablar, las consultas o respuestas, o porque en el diálogo anterior nos hemos dirigido a ellos, directamente. Ese “dijo”, no debe ir en cada y uno de los diálogos.
  3. Tomando el punto anterior, este nos lleva a plantear, evitemos el dijo y sustituyamos por una acción. En lugar de escribir:

“—¿Te veo más tarde? —preguntó Juan”

lo sustituimos por:

“—¿Te veo más tarde? —Miró instintivamente la hora de su reloj de puño.

  • Haz de tus diálogos sean necesarios y justificables – Mi hermano  es fan de Netflix, y él me introdujo una serie (ayer mismo), una serie llamada “Black Mirrows”; según me explicaba en ella se retratan de manera individual, diferentes historias (tal como relatos cortos) basadas en la tecnología. Y vimos dos seguidos de la temporada 1. Y uno de ellos, mostraba que todos los humanos se les había implantado un “chip” capaz de hacer una grabación de todo lo visto, dicho y oído desde la implantación (cuando se es un bebé) hasta tres décadas de espacio o capacidad de esa memoria. Los personajes, en lugar de relatar su día, le mostraban a otros (direccionado a un Smart TV) su grabación, desde un punto Y a uno X. Eso ocasionaba, por lógica, que las personas constantemente se dijeran una a otro: Tu dijiste o hiciste X cosa… y se sacaban los trapitos al sol. Y le dije a mi hermano. “Qué triste, porque lo bonito de la convivencia es compartir el recuerdo que te importa, no esa información que a nadie le interesa ver o escuchar”.

Esto mismo ocurre con una historia escrita. Aunque nos gusten los diálogos familiares y coloquiales, no por ello, vamos a llenar de charlas insulsas un relato o historia. Que aquello que expresen los personajes, sea información que nos ayuden a comprender sus costumbres, sus personalidades y sus historias.

Todos, tenemos charlas insultas, esas en donde saltamos de un tema a otro, y decimos que iremos al supermercado, que necesitamos papas, comprar jabón de baño, que nos recuerda a Bob Esponja y comentamos un capítulo gracioso y terminamos con una charla sobre que la hija de la prima, ha recibido una beca.  Si fuera un libro, y la nota importante es la beca de la joven… elíminar el resto es obligatorio.

  • Inspírate en otros diálogos –  Si bien lo dije al principio, yo escribía mis diálogos tal como si fueran un guión cinematográfico; no es del todo malo, observar y aprender de los diálogos en las series o películas que vemos. Si observamos como son estructurados, que tanto “habla” cada personaje, nos daremos cuenta que los puntos que hemos tocado antes son validos. Esos diálogos nos ayudan a conocer al personaje, su entorno, sus costumbres, sus vidas y el propósito de la historia. Pero, hace falta un factor muy importante: El diálogo visual solo nos ofrece una imagen 2D: imagen y audio.

Para que “triunfar” como escritores (y no me refiero con esto a ser publicados, ricos y famosos, sino hacerlo mejor) se deben usar los seis sentidos. Sí, seis sentidos. La vista, el tacto, el olfato, el gusto, el escuchar y la Intuición. Es a través del uso de estos sentidos, es que podemos dejar de ser personajes planos, y darles una dimensionalidad. Que logre traspasar la “cuarta” pared, en el sentido menos literal, (cuando el actor mira directamente a la cámara, o el personaje literario se dirige al lector). Con esto me refiero, a que dejamos de ver a los personajes, como seres ficticios, y sus experiencias nos afectan emocionalmente, sea produciéndolos alegría, tristeza, miedo, enojo, etc.  Esto lo logramos, cuando involucramos en nuestros diálogos y narrativa, nuestros sentidos. El uso del lenguaje para expresar o describir un aroma, un color, una sensación térmica y sobretodo, la dimensionalidad de las emociones de las que todos hemos vivido al menos una vez. Por ello, es muy recomendable, leer libros o novelas que contengan diálogos. Siempre, voy a recomendar alejarse de las versiones cortas o condensadas de los libros clásicos, porque No son lo que su autor escribió originalmente. También recomiendo leer a escritores “consagrados” o con una buena trayectoria. Alejénse de los fanfictions, los libros en línea escritos por personas que ni se toman la molestia de colocar la raya en lugar de guion… y analicen, escritores noveles o aficionados, para ver en que aciertan y en qué erran. Se aprende mucho, cuando evaluamos a otros.

  • ¿Quién dijo, qué? – La voz propia del personaje – Aunque ya lo toque en un punto más arriba, deseo ahondar sobre esto, para que todo quede muy claro. Así como todos tenemos una voz, también tenemos una personalidad, y diferentes experiencias. Lo mismo ocurre con los personajes. Mencioné que el médico debe hablar como médico. Pero si hay tres médicos en una sala, no hablaran igual entre todos. Debemos saber identificar quien dijo qué sin ese “dijo” (a manera de ejercicio mental para nosotros). Como autores, debemos reconocer quién dijo qué, si abrimos una página de nuestros trabajos. Y esa es la “personalidad” del personaje. Si nuestra protagonista “habla” igual que su prima, su madre, o su peluquera… resultará previsible, monótono y aburrido para el lector. Porque vez tras vez, encontrará la misma tonada.

Es muy importante, que en primer lugar nosotros, sepamos identificar a cada personaje, por su forma de expresarse. Esto puede ser por el ritmo de su forma de hablar, las expresiones que usa, las muletas de lenguaje, su emotividad. Y a partir de ahí, le daremos el peso de su estatus social, su edad, su genero, su profesión, sus creencias, etc.  Un niñito a menos que sea un súper dotado, no empleará frases compuestas, terminologías especificas, etc. Hablará como un niño. Frases cortas, a veces repetitivas, directas, con un lenguaje limitado, etc. Cuando escribimos, nos volvemos todos los personajes. Somos adultos, hombres, mujeres, niños y hasta animales. Debemos aprender a construir personajes.  Una vez que nosotros logramos darle esa veracidad a cada uno, será incluso más fácil saber qué diría en determinada situación. Y sabiendo esto, nos evitaremos el  “dijo/nombre” aun para el lector, ya que nos permitirá obviar esa información, y el lector será capaz de también identificarlo.

Te recomiendo que leas la serie de Cómo construir personajes.

  • Aprende a amar los diálogos- Muchas personas, le tienen pavor, terror, fobia o apatía a los diálogos. Tienen miedo a equivocarse, a no usar las normas correctas. A qué su construcción técnica no sea deficiente (sí, sé que tienen sus reglas especiales). Pero, si no los trabajas, nunca vas a dominarlos. Esto es como ir al gimnasio y alejarte de ciertas máquinas. Tu entrenador, te obligará a hacerlo, y mientras más resistencia pongas, más te exigirá en que los uses. Pero, como escritores (aspirantes, noveles o consagrados) no tenemos a la par un entrenador personal que nos exija hacerlo. Es algo que debemos hacer por voluntad propia. Como lo es, ¡sentarse a escribir!

Yo amo investigar sobre X tema que me ayuda a desarrollar la trama o algo dentro de la historia. Y ya que vengo de una vieja manía de escribir muchos diálogos, a veces me cuesta dominar el equilibrio entre que limite debe tener una escena particular en cuanto a diálogo/narrativa. Pero, solo viéndolo en el papel (o pantalla en mi caso), es que puedo ver qué equilibrio existe entre esos pilares de la escritura. ¿Se puede escribir un libro sin un solo diálogo? No, no uno de ficción. Puedes quizá hacerlo en un libro de reflexiones, uno de recetas de cocina, un ensayo o una tesis. Pero, aún aquellos escritores que no hicieron uso de las normas de construcción de diálogos tal como las conocemos (rayas, acotación narrativa, etc), no podrían evitar expresar lo que alguno de sus personajes dijeron en un X momento, ya que para que exista el diálogo, debe existir la interacción entre personas. Ni siquiera si viviera en completa soledad, porque sus interacciones las inventará, ya sea hablando consigo mismo,  a un personaje imaginario (Robinson Crusoe), a un androide o computadora (Moon) o una pelota de bolibol (El Naufrago).  Simplemente, los humanos, hablamos. Así de importante, son los diálogos.

Ahora, cuéntanos tu experiencia en la construcción de diálogos. ¿Hay algún punto que crees que se puede adicionar? ¿Cuál es tu diálogo favorito?

Uno de los míos es este:

«—Hubiese sido mejor venir a la misma hora, —dijo el zorro—. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré.
A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.
»

El Zorro, El Principito

¡Nos leemos!

***

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