Sácale partido a tus personajes – Reglas básicas para descríbirlos

No existe una parte que me guste más de escribir, y es la creación de personajes. Me encanta la investigación, ya que soy de una de esas personas detallistas que se desviven por escribir lo más fiel posible un hecho concreto. Sin embargo, si nuestros personajes no son históricos, tenemos un poco más de libertad para crearlos. Y repito, un poco de libertad, porque algunos personajes, aunque ficticios sí necesitan su dosis de investigación.

Una buena historia, no es solo que la trama sea “buena”, (sin decir de aquellas excelentes), un mundo increíblemente bien detallado y giros insospechados por el lector; pero si los personajes no ofrecen mucho, la lectura de ese libro nos resultará cansina, terminándolo únicamente porque queremos conocer el fin del relato, pero con un poco de esfuerzo porque los personajes no son atractivos.

No diferimos mucho en cuanto a evaluaciones, sea a una persona real o una ficcionada, lo mismo hacemos al emitir un juicio sobre alguna persona por ciertas acciones o apariencias, hacemos lo mismo con los personajes que leemos en un libro. Es por ello, que aquellos que nos dedicamos a crear historias, deberíamos tomamos en serio la creación de personajes, ya sea porque pensamos publicarlas o porque son ejercicios de escritura, aun si no las compartimos con el resto del mundo o solo con algunos privilegiados.

Aunque esta frase contiene mucha verdad, vamos a considerar algunos aspectos físicos de los personajes.

¿Cómo son tus personajes en tu mente? – Si bien es cierto, que muchos autores prefieren no dar detalles exactos del físico, para que el lector los imagine como deseé, o se identifique con ellos, sí es necesario tener en cuenta ciertos detalles de ellos. La descripción física se denomina prosopografía (aspecto). Piensa en ellos a la hora de crearlos bajo dos conceptos:

a) La descripción detallada del narrador omnisciente, o b) La descripción del testigo (que puede ser un tercero o el propio protagonista).

Los dos conceptos son válidos, pero ambos son usados en dos maneras distintas. Cuando es el narrador omnisciente quien describe a un personaje debe tener una razón y un momento para hacerlo. Describir a la “chica de cabellos dorados como el sol y sus ojos azules como el océano”, cuando ella va simplemente caminando por una calle para tomar el autobús, no tiene sentido. Si hay algo destacado en el personaje, debemos hacerlo de manera inteligente. En este mismo caso, podríamos mencionar que era notoria entre los transeúntes por la peculiaridad de su cabello (imaginando que el evento no ocurre en Dinamarca), y en otra línea mencionaremos que sus ojos son claros. Hay que tener en cuenta que no es recomendable hacer una larga descripción física (tipo lista de supermercado) desde el inicio de la introducción del personaje, a menos que sea algo destacado, notado por un tercero; pero nunca por parte del narrador omnisciente. Sin embargo, una descripción tardía puede ser un choque al lector que al no tener ese recurso, le ha imaginado como ha deseado.

La descripción del testigo es importante para destacar los rasgos físicos, ya que cada persona se fija en algo en particular. Una mujer se fijaría en la cara, un hombre en detalles del cuerpo. Cuando utilizamos el recurso de describir a través de los ojos de un tercero, es más fácil entrar en una descripción que no resulte pesada porque no abusaremos del recurso. Lo mismo ocurre cuando es el personaje que se ve con sus propios ojos. Este notará aquellos puntos que para otros son menos notorios, como esa cicatriz sobre la ceja que tanto le molesta, o las pecas que cubre con maquillaje. Tomaremos en cuenta quien describe, ya que no es lo mismo si la persona es joven, adulta o un niño; cada uno describiría de diferente manera algo en particular de una persona.

El autor sin embargo, deberá tomar en cuenta factores que en los conceptos  a) y b) puede ser utilizados: género, edad, grupo étnico, rasgos físicos destacables, estatura, peso, forma del cuerpo, etc.

Recordemos que la belleza o fealdad es subjetiva, para alguien puede ser terrible una persona de cejas escasas; pero otro puede obviar las cejas, porque la mirada de esa persona es cálida. También una mujer con enormes curvas puede ser sexy, pero otro considera que un cuerpo atlético lo es. Por ello es indispensable que tales afirmaciones provengan de una “opinión de otro personaje” y no del narrador omnisciente.

El orden de los factores sí altera el producto En matemática es imposible, no así en literatura. Es importante considerar cuándo describir y cómo hacerlo. Tal como mencionamos una descripción en cascada afecta mucho, de igual manera prescindir de una.  Evitemos el síndrome de Frankenstein, tomar retazos de una persona, y describirlos sin un orden establecido. Siempre iniciaremos por lo obvio, es decir el rostro (cabeza), y no los pies,  ya que es lo primero que observamos en las personas, luego describiremos otras partes de su cuerpo. Es digno de mencionar, que a no ser que una característica se destaque sobre el rostro, sería lo primero que notaríamos. Por ejemplo que la persona es excesivamente obesa. No hablo de un sobrepeso, sino una obesidad mórbida. De igual manera si le falta un miembro o padece de una condición notoria. Algo que podría  destacar como relevante, es por ejemplo si el color del cabello es verde manzana, algo que se notaría antes que observar el lunar al lado de su boca. En una ocasión leí una “novela” publicada por una adolescente en Whatpadd, y ella describía al chico algo así: «Albert era un chico guapo de dieciséis años, tenía el cabello rubio, ojos azules, su boca era carnosa y roja, tenía un lunar al lado de su ojo derecho, casi por la mejilla pecosa y era muy alto, media como 1.70 centímetros.» Cuando era un chico que ella solo encontraba en el corredor de la escuela. Adicional que la descripción la realizaba el narrador omnisciente y hay opiniones no propias de ese tipo de narrador.

¿Cómo es tu personaje? – Al no ser solo físico entramos en la descripción tipo etopeyica, es decir el aspecto moral y psicológico del individuo. Y en este campo, las descripciones son indispensables para la creación del carácter del personaje. Quizá la parte más importante, este factor provocará la empatía o el rechazo por el personaje de acuerdo a lo que deseamos transmitir al lector.

Tomaremos en cuenta, entonces, en aspectos morales (virtudes y vicios), de carácter, aficiones, fortalezas  y temores, etc. En este aspecto, el autor deberá “crear” al personaje. Es muy conveniente en este punto el uso de una ficha. Tenemos mucho que recordar y el material puede volverse confuso y caótico si tenemos muchos personajes. Una ficha nos será útil para incluir todos los detalles aun no declarados en los textos, pero que son una orientación. Recordemos que todos tenemos pasado, también nuestros personajes. Una ficha puede incluir, datos de nacimiento, genealogías, intereses y aficiones, y lo descrito con anterioridad.  El uso de este recurso para describir al personaje es aún más complejo que la descripción física. Por ello es importante “conocer” al personaje. Por ejemplo, si escribimos: «Juan era celoso», aunque lo planteamos claro y llanamente, no sirve para provocar en el lector la “idea” de los celos de Juan. Contrario a si escribimos: «Juan tenía la costumbre de llamar a Rosa durante el día. Era caótico para él no saber en dónde ella estaba, con quién, a que hora regresaría a casa. La sola idea que ella estuviera en contacto con otro hombre, lo perturbaba.» Nos expresa de mejor manera esa misma idea. A su vez, nos ayuda a crear un personaje más profundo.  Tomemos en cuenta que es im-po-si-ble hacer una descripción del carácter “en cascada”, como lo hacen en el aspecto físico. Por lo que una frase como : «Juan era celoso. Amaba a Rosa. Era muy trabajador, un buen hijo y vecino, jugaba fútbol. También era  perezoso, casi haragán con las reparaciones hogareñas.» Esa descripción se perderá en la memoria del lector, a medida que continúe su lectura. Darle pinceladas a través de la narrativa, irá produciendo un acercamiento, la empatía o rechazo hacía el personaje. Haciéndolo más creíble.

Tome en cuenta que el carácter de sus personajes, son usados como valiosos recursos para desarrollar la historia. No prescinda de ellos. Consideré involucrar información relevante, como estilos de vida, faltas, virtudes y otros aspectos que hacen a un personaje ser real para el lector.

Se consideran otros tipos de descripción, como es el retrato, que es la unificación de la prosopografía y la etopeya. Muy usada en la narrativa literaria en especial aquella histórica, puede ser manejado por el narrador, o si mismo, en este caso se denomina autorretrato. Al contrario está la caricatura que exagera los aspectos físicos y morales del individuo, más usada en la narrativa humorística o burlesca.

¿Y este de dónde ha salido?- Todos los personajes salen de una parte. Y muchos del clóset. Y no me refiero a sus preferencias amorosas; sino a los detalles que ellos tienen a lo largo de la historia. Si bien hay autores que prefieren ignorar estos aspectos, y otros abusar de ellos, la vestimenta es necesaria. Existe un refrán que dice: “La mona aunque se vista de seda, mona se queda”, no deja de saltar una realidad: Juzgamos a otros por su manera de vestir. Una persona con la ropa manchada o rota, no la consideraremos una persona pulcra y detallista. La vestimenta no solo describe aspecto emocional de un individuo, sino un estatus o posición social.  El tipo de ropa nos ayuda a crear “ambiente”; la descripción de un atuendo nos puede ubicar en una región o época en particular. También no solo sirve para que el lector tenga una idea de quien es el personaje, sino la forma en que otros personajes se relacionan u opinan de él o ella. Recordemos el refrán, al final quizá el concepto de ese personaje, puede estar errado, por ideas preconcebidas de lo que creemos real cuando no lo es. (Por ejemplo, la monja que no es nada caritativa). Al igual que cualquier descripción, se sugiere no abusar.

También consideremos una parte indispensable en todo relato: el diálogo. Es a través de este que podemos crear un vínculo entre el lector y el personaje. Dejemos que el personaje se revele. La forma de hablar, las manías y dejes, esa “muleta” que usa. Y sobretodo ubicar a nuestros personajes correctamente. No hay peor diálogo que uno fuera de lugar. El médico que habla como zapatero o el campesino que habla como ingeniero aeroespacial. Creo que en ese aspecto, los hispano parlantes tenemos una ventaja; podemos usar un lenguaje más genérico. Nuestros amigos de península al usar un español más tradicional, emplearan palabras que solo corresponden a su zona. Por ejemplo el sois, vosotros, estáis… son aplicables a los españoles, más no si quien habla es un argentino o un chino.  Debemos considerar los modismos, evitarlos si nuestro personaje no es de nuestra región. En mi caso, en mi área utilizamos vocablos como “arrecho, carro, fósforos, o parada”, estas deben ser sustituidas por las genéricas: “molesto, vehículo, cerillos o estación de autobús”, si la ubicación geográfica (y los personajes) no son de mi región. Así que describir a unos británicos, franceses o camboyanos, es impensable mantener ese lenguaje. Es necesario aprender a conocer los modismos de esas regiones, la forma de construcción de las palabras, y hasta los sinónimos de las mismas.  Hay que considerar que existen autores de regiones con distintas variantes de la lengua española, que aun así conservan sus modismos y maneras de escribir, aun tratándose de personajes fuera de sus regiones. Sobre todo con las traducciones de otros autores. En mi caso peculiar, prefiero la forma genérica, una que no me haga recordar la nacionalidad del traductor; pero tampoco es altamente censurable, ya que dichas traducciones son en muchos casos regionales, y las mismas se usan para enfatizar un idea que se pierde con una traducción literal o una palabra/frase que no tiene una traducción al español. Pero recordemos que a no ser que un chino se haya criado en España o en latino américa, no usará una “boludez” o una “mamez”, una “bobada”;  yo usaría el término genérico de “estupidez, idiotez o tontería”.

Otro aspecto de importancia es el ambiente: Recordemos que nuestros personajes viven en un lugar. Se rodean de otros, tienen que ganarse (o subsistir) la vida. Hacer uso de este recurso para dar detalles de quienes son, nos permite evitar descripciones largas y aburridas. Por ejemplo: «Juan es auxiliar de créditos en el Banco Global desde siete años atrás. Cada mañana se levanta a las cinco de la mañana a correr tres kilómetros, desearía recorrer los diez que hacía en el ejército; pero su rodilla no aguanta más esfuerzo.” – Con esta descripción, metemos información respecto a qué hace Juan. Nos indica a groso modo que trabaja en un banco, que es un empleado estable. Con un cargo sedentario, pese a la limitante de su rodilla resentida, realiza ejercicio por su pasado de activo militar.

El trabajo, los vecinos, miembros de la familia, nos ayudan a crear a un personaje sin que este tenga que ser descrito a puntillas. No se trata de hacerlo cual se describe una fotografía; que su vida y su entorno hablen de él y por él.

También consideremos el lenguaje corporal como forma de describir. Escribir: “Juan estaba nervioso porque Rosa no llegaba a casa”, es muy parco. Es mucho mejor hacer uso de esta técnica: “Juan miró por enésima vez el reloj. Se sentó cerca de la ventana, mientras se mordía las uñas y su talón no dejaba de zapatear la alfombra que amortiguaba el sonido. Rosa aún no llegaba a casa.”

Si quieres conocer y profundizar más sobre el lenguaje corporal, visita la serie de seis entradas que preparé hace algún tiempo atrás. Puedes verlas aquí:IntroducciónSerie I, Serie II, Serie III, Serie IV, Serie V y Serie VI.

Evita los clichés- Nos rematan una y otra vez, que evitemos esas descripciones clichés. Y parece que todo está dicho, así que nos preguntamos hasta dónde es válido innovar o si un cliché puede volver desastrosa una descripción.

«Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza» («El Quijote» de Miguel de Cervantes). Es una de las descripciones que han sido catalogadas como “mejores”. Pero recordemos que hace mucho la frase fue escrita, y ahora, existen muchos flacos que se describen como “secos de carne”. Sin embargo las mejores descripciones son aquellas que nos evocan algo concreto sin el empleo de esas palabras “clave”. Si bien las metáforas pueden ser molestas para muchos, debemos analizar cuál  pecado pesa menos, por decirlo de alguna manera.  Poe fue de los primeros al escribir: “dientes de perla” (por cierto, quedé traumada en mi niñez, con la lectura de ese cuento).  La frase abunda en la actualidad.  ¿Cómo lo evitamos?

  • *Descripción simple: Adjetivos. No abusar de ellos. Uno bien colocado es mejor que muchos al desdén.
  • **Comparación: Utilizamos un recurso que semejanza de un elemento.
  • ***Metáfora: Sustituir un elemento conocido por uno parecido.
  • #Hipérbole: Exagerar una característica.

Retornamos al ejemplo de Don Quijote (como se reescribiría por mi persona, si no me cae un rayo primero):

«Era de complexión fuerte*, pese a su cuerpo de espiga**, de pómulos afilados como montañas***, se levantaba antes que los estorninos despertaran con su canto#, por su afán de dar muerte a cuánto animal encontrará en los campos#».

Si bien he usado las diferentes formas, no indicamos que deban usarse todos esos métodos a la vez. Alternar entre unos y otros, analizar si hemos abusado de un recurso y manejar a conciencia aquellos que nos son permitidos. El cliché tradicional, “Su piel era tan blanca como el marfil”, puede ser modificado por una metáfora distinta e innovadora, pero también existen palabras (sinónimos) que pueden ser usados. Penosamente algunos por su falta de uso, los ha hecho caer en el olvido, cuando son palabras muy hermosas: Su delicada piel ebúrnea.

Conclusión: Existen muchos recursos para describir a nuestros personajes. Esas descripciones enriquecen su personalidad y carácter, ir más allá del aspecto físico, que sí bien en necesario para textos extensos como una novela, hacer una amalgama de estos nos servirá para crear personajes vívidos y creíbles. Si logramos esa empatía con los personajes, nuestro lector también vivirá en su propia carne, la experiencia de aquellos.

***

Espero que esta entrada te sea de mucha utilidad. En realidad existen muchos temas que giran alrededor de los personajes, espero ir sacando poco a poco, lo mucho que un personaje es y necesita. Si tienes alguna sugerencia o consulta no vaciles en dejarla en el cuadro de comentarios. Tu opinión me interesa. Valoro mucho que puedas compartir esta entrada en tus redes sociales, un estímulo al tiempo invertido en investigación y desarrollo del tema. De antemano gracias.

¡Nos leemos!

 

 

 

 

 

 

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