Anonimus Voluntarius Selectus

El día Lunes fue la graduación de secundaria de uno de mis sobrinos, un acto que ha llenado de orgullo a sus padres, y a nosotros. Mis sobrinos se mudaron de ciudad hace casi dos años, y ha sido un cambio complicado para ellos que han dejado todo lo que desde niños conocieron, el primer año fue de adaptación, rebeldía, queja, y fracasos más que triunfos; pero son chicos valientes y cuando se proponen algo lo logran. Y este año, con cambio de escuela y mentalidad, han salido adelante.

En la graduación uno de los decanos mencionó la mentalidad de los ciudadanos en una comuna en Suiza, en donde chicos de dieciséis años juegan con los juguetes de madera hechos por sus padres, imágenes de vacas. Amo las vacas, con esto él ya había logrado mi atención; concluyó diciendo que los padres instruyen a sus hijos desde muy corta edad a tener apego por la herencia familia. Si son criadores de vacas, con mucha más razón encaminaran a sus hijos a sentir amor por los animales, la cría, la granja; y a través de los juegos van resolviendo los dilemas que se presentan en una granja, aprendiendo de a poco como administrarla.  Me hizo sonreír porque expresó que los retos hay que tomarlos de cara, prepararse ante ellos y sobretodo no temer al fracaso, que sería sino otra lección de vida.

Hablaba a los nuevos graduados, todos ellos con sus metas y sueños, fue firme al decir que debían tener una sola meta, perseguirla, no ser como una ola que va y viene. Aquello me recordó a mi misma, pese a toda circunstancia por donde me ha llevado la vida, siempre tenía en mente el anhelo de escribir. Desde antes de aprender a leer, ya quería contar historias, le cambiaba los finales a los cuentos que le contaba a mi hermano menor, de cuatro años, o me inventaba algo nuevo, cuando mi pocos cuentos en memoria se agotaban.

A mis seis años, fui a primero de primaria. El primer día fue fascinante, pero aburrido para mí. Yo ya quería aprender, lo único que hicimos fue conocer las instalaciones, el aula, en donde me sentaría, una mesa para dos con taburete incorporado, en un horrendo color verde menta y una maestra de cabello cepillado para romper sus rizos. Pero ella me pareció muy agradable. Más sin embargo, el segundo día después de pasar media mañana haciendo círculos y rayitas, la maestra escribió en la pizarra: mi mamá me ama. Lo ha leído una, dos, tres veces, con regla en mano siguiendo el renglón. Y el universo se abrió para mí.  Yo sabía las vocales, las letras, pero me fue completamente claro: las palabras significan cosas. Así lo simplifiqué. Luego escribió: amo a mi mamá. El resto de la mañana creo que yo flotaba en algún lugar de esa aula, pensando cantidad de cosas por mi joven mente.

Corrí a casa, entusiasmada buscando a mi madre, quién afanosa estaba en la cocina: “Mamá, en la escuela nos enseñaron a leer mi mamá me ama“. Le dije casi sin aliento, ella siguió en lo suyo diciendo: “Sí, y te enseñaran muchísimas cosas más”.  Comprendí que ella no entendió nada, para mí las palabras no solo eran combinaciones de letras y vocales, no solo formaban frases, podían transmitir emociones, sentimientos, ideas propias y ajenas. Y mi cerebro recibió una revolución de pensamiento: Quiero ser escritora. Me dije a mis seis años, ocho meses y veintiocho días.  La palabra estaba dicha.

Pero amaba la idea de dar educación, para mi un maestro, es un pilar en la sociedad, pensé, ese trabajo es importante. ¡Quiero ser maestra!… y escritora. Al pasar los años cambie de carrera, pasando por secretaria, veterinaria, arquitecto, administradora de empresas, decoradora,  para terminar estudiando Sistemas informáticos. Pero el “… y escritora”. Siempre venía después.  No tendría nueve años, cuando se lo dije a mi madre, ella me miró fijamente y me dijo: “Los escritores se mueren de hambre, más en este país”. Y quedé de capa caída. Pensaba, ¿cómo voy a comprar comida, pagar deudas?  ese razonamiento permaneció durante muchos años, era imperioso obtener una profesión o medio de sustento.

Esto me llevo a ser un escritor anónimo selecto a voluntad. Escribía por la necesidad de hacerlo, de sacar de mi cabeza esas historias que no me daban respiro. Pero batallé con otro problema: un género. No sabía que género literario me calzaba mejor. Mi primer intento fue escribir a los diez años, pero la dejé a un lado por pensar que era un tema no apto para mi edad, un adolescente rebelde, injustamente encarcelado por la muerte de una compañera de secundaria. No tenía ni pies ni cabeza. Descartado a los pocos capítulos. Pasó sin pena ni gloria, sin enseñárselo a una sola alma mortal… a los once años, comencé a escribir una novela, que podría caer en el genero macabro-terror-fantasioso. Desde pequeña me gustaban las películas de terror, y aunque desconocía de la existencia de un señor llamado Stephen King, a Carrie, The Shine, The Death Zone o Cujo, influenciada por las serie del vampiro Barnabás Collins y las películas que veía espiando a mis padres viendo TV a  las nueve, donde se suponía yo dormía, escribí de nuevo. Contaba ya con once años, y con diez capítulos decidí mostrárselo a mi hermana mayor. Ella la leía en voz alta, casi la media noche, luego tornando la voz, terminó lanzando un grito y mi cuaderno engrapado por los aires. Me dijo muy molesta: “¿Cómo puedes escribir esas cosas? Solo tienes once años, deberías escribir de princesas, unicornios y hadas.” Y yo con los ojos muy abiertos le pregunté: ¿Pero te dio miedo? ” Sí, respondió, mucho miedo, sobretodo porque tú lo escribiste”.  Y me fui a la cama sintiéndome que saltaba sobre la luna, pero al mismo tiempo me sentí enterrada literariamente, porque no quería escribir historias de niñas rosas. Así que abandone escribir, por segunda vez.

Considero que el escritor siempre es escritor; por lo menos a mí, me era imposible no dejar de tener ideas en mi cabeza. Esas historias con personajes con un rostro definido, nombres y apellidos, con un sinfín de detalles que me hicieron pensar, que si iba a escribir, debía aprender a hacerlo. Obtuve un libro llamado: “Gramática y redacción. Como escribir correctamente”. Y pasó a ser parte de los libros que metía bajo mi almohada, dormía sobre ellos, mi cuaderno de apuntes y un diccionario volumen de 5 pulgadas de grosor de un Larrouse. Creo que pensaba que esas cosas se me meterían en mi cabeza en mis sueños…

Así que volvería a escribir en serio a los dieciséis años; volver del colegio era mi gran alegría, podría escribir toda la tarde, toda la noche y esperaba con ansias el siguiente día. Y escribí, escribí y escribí… sin saber nada de técnicas, hice fichas biográficas, apuntes cronológicos, resumen por capítulos, y dibujos de la distribución de la casa en donde se llevaba toda la acción. Cambie de genero, se podría llamar novela psicológica, en donde nadie es malo o bueno, hay virtudes y defectos; la bondad se pone a prueba y la maldad sale a luz en quienes pretenden ser almas caritativas.  Me sentía emocionada hasta que comencé a ver la pila de cuadernos que se sumaban debajo de mi almohada. Se convirtieron en trece… con más de 1100 hojas escritas revés y derecho. Y comprendí que era demasiado larga. Había escrito por casi cinco años. Y ya no era una adolescente, tenía responsabilidades de obtener una carrera que pagara las cuentas. Decidí dejarlo “reposar” y luego comenzar a corregir.

Pero estuvo abandonado por casi tres años, cuando volví a sacarlos del armario. Me sorprendí de mi juvenil mente de una chica tímida de dieciséis, con demasiada pasión, influenciada por grandes escritores que me presionaron a escribir sin miedo. No me atreví a borrar una sola palabra. Y volvió a ser un libro que pasaría al anonimato, un libro que fue escrito por mí, para mí. Un reto personal que si podía hacerlo. Un día volveré a releerlo, corregir, borrar, desmenuzarlo. Lo que sea necesario para hacerlo como un bonsai. Pero me sirvió para conocer que el género que me gusta más, es el psicologico, ahondar más en la mente y las emociones, y no tanto en los acontecimientos, sino como accionamos ante ellos.

Desde entonces no he dejado de escribir, anónimamente, con montones de anotaciones en agendas que se van coleccionando, libros que pasaron de cuadernos a páginas de Word, a un programa especial de escritura. Con la idea de algún día… alguien fuera de mí los leerá. Pero siempre con la necesidad de aprender, no he dejado de estudiar desde ese día, leer todo lo que me serviría, encontrar nuevas herramientas, las nuevas reglas de escritura, aprender a hacerlo de la mejor manera… en esa busqueda encontré un blog, llamado Literautas, dirigido por una chica española llamada Iria. Con consejos de escritura y un taller. Jamás había participado de uno; y me lo pasé leyendo por varios días hasta que sentí que debía escribir para ser leída, destrozada, partida en mil pedazos, celebrada, aceptada o recibir todas las correcciones necesarias con respeto, como lo pide el mismo espacio. Decidí participar en el mes de diciembre del 2014, pero no alcancé a publicar, error mío, quizá un deseo inconsciente de seguir invisible… pero poco a poco, le he perdido el miedo a dejar que otros lean mis pensamientos.  Y esto me ha llevado a no solo publicar un condensado de trabajos del taller durante el tiempo que yo no pude hacerlo públicamente, por desconocer la página. Fue un reto  de escritura, una tarea muy propia para aprender; pero ahora lo he publicado para dar las gracias a Literautas y todos los compañeros que aman las letras como yo. Aquí el enlace de mi primer publicación. Café y letras, relatos cortos.

Ebook gratis en Liibook

Estoy completamente convencida, quiero escribir el resto de mi vida, y morir escribiendo como lo hizo Morris West, y que Dios me mande a dos lugares en el cielo, la biblioteca celestial y a sus jardines con todos los animales del mundo. Eso será el paraíso…

Anuncios

Tienes algo en mente... déjalo salir, compártelo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s